Con amor, cierra al salir

cierra al salir

 

Hay a quienes la arrogancia de sentirse queridos incondicionalmente les lleva a creerse con el derecho de entrar y salir de nuestra vida cuando quieren. Saber colocar un punto en este tipo de relaciones fantasma es fundamental para continuar escribiendo nuestra historia. Aunque nos duela, es importante entender y asumir a tiempo que no todos los que llegan a nuestra vida pueden quedarse, al menos no en la puerta.

Es bastante frecuente encontrar este tipo de relaciones intermitentes entre familiares, donde los lazos de sangre se tensan tanto por uno de los extremos que se rompe la cuerda. Ser familia no otorga el derecho a ser perdonado por todo, ni a venir para recibir y marcharte sin la mínima voluntad de dar. Por incómodo que resulte, marcar los límites ante actitudes de permanente demanda es igual de necesario -o más- que con cualquier otra persona que sin llevar tus apellidos te quiere solo por utilidad e interés. Hay que dejar espacio para los que sin ser tu nada te tratan como su todo.

Algo parecido ocurre con los cada día más populares amigovios (fusión de amigo y novio, según la RAE). Poner límites a la relación en cuanto al compromiso es relativamente fácil al inicio pero, ¿y a los sentimientos?, ¿quién limita el sentir?. Cada día hay más no-parejas en un ‘ni contigo ni sin ti’ permanente porque lo que empezó siendo solo ‘algo’ se ha convertido en demasiado para uno de los dos. Este, suele adoptar un rol pasivo y esperar a que en algún intento la otra persona decida quedarse para siempre, algo complicado si el otro mantiene la máxima inicial de no poner en riesgo su individualidad. El desgaste psicológico y el daño a la autoestima de este tipo de no-relaciones es enorme si no se sabe gestionar su fin a tiempo.

Todos sabemos lo difícil que es ser objetivo cuando hay amor, éste nos hace vulnerables -y miopes, dicen-, pero también sabemos que la ambigüedad no podrá hacernos felices. Antes o después, terminaremos por entender que las relaciones son bidireccionales, y que si alguien entra y sale repetidamente de nuestra vida es simplemente porque no encuentra ni el motivo para quedarse, ni el valor para irse del todo. No nos engañemos, no es solo un mal momento, ni es culpa de su pasado, ni cuestión de paciencia como queremos creer. Tenemos que asumir que, de toda la gente que conozcamos por casualidad o con la que nos aten lazos familiares, solo se quedará en nuestra vida quien elijamos y nos elija. El amor no se impone, y hay gente que con su comportamiento elige cada día no estar en nuestra vida.

Es normal que nos resistamos a perder relaciones, lo hacemos incluso cuando ya no hay nada que perder, como con esos “amigos de toda la vida” con los que las experiencias compartidas, el tiempo, el cariño, etc. pesan más que los errores. Aún así, a veces es tan radical el desequilibrio de la balanza costes – beneficios (decepciones, inestabilidad, desgaste, distancia, etc. VS. recuerdos), que decidimos no seguir viviendo en el presente de las rentas del pasado. Posiblemente, media de toda esa vida la has pasado haciendo un esfuerzo por justificar cosas que no entran en los esquemas de lo que consideras realmente amistad.

Yo personalmente, creo que la decepción es proporcional al cariño, y que cuando alguien deja de decepcionarte es el momento perfecto de recolocar a esa persona en otro lugar de tu vida o de poner un punto final en la relación. Las decepciones desafían al amor y a la memoria, y conforme se van sucediendo, conforme miramos atrás con menos filtros, empezamos a ver cómo muchos recuerdos se convierten en novedades. ¡Cuántas cosas descubrimos que antes pasamos por alto! Muchas experiencias, conversaciones, gestos del pasado, detalles, etc., se ven completamente diferentes cuando uno ya ha dejado de idealizar a alguien. Básicamente, se reconsideran íntegramente tanto la relación como la imagen que teníamos de la otra persona. Esto es triste, sí, pero también es conocerse de verdad.

No obstante, con esto hay que ser cuidadosos. Ni el amor antes, ni la decepción ahora, nos ofrecen una imagen 100% real de la relación y la persona. Es preciso, a pesar de todo, hacer justicia al pasado, asumiendo nuestra responsabilidad y agradeciendo las experiencias compartidas. Seguro que, por pequeño que parezca ahora, esa persona ha hecho muchas cosas valiosas por ti y por vosotros. Esta es la mejor sombra que podemos guardar de quien se va. Colocar a alguien en el lugar que le corresponde, incluso aunque éste sea fuera de nuestra vida, no significa olvidar lo bueno, significa que queremos ese espacio libre para alguien que encajará mejor y lo valorará más. Aprender a cerrar capítulos sin rencor y sin miedo es tarea difícil pero importante, siempre habrá quien no necesite años ni mil oportunidades para elegirnos. Y al pasado, con amor, que cierre al salir.

 

 

 

Toñi Pacheco Unguetti.  Doctora en Psicología Experimental & PGS

Centro de Psicología en Plaza San Isidro, 1, 1ºF. CP18012. Granada.

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