Se ha prestado mucha atención a prevenir el ciberbullying, el grooming o el sexting en los adolescentes, y poca al tiempo/tipo de videojuegos que utilizan. Ahora que se acercan las notas del trimestre y algunos han bajado el rendimiento, empiezan a llegar consultas de padres preocupados por este tema. Es cierto que el número de afectados por adicción a los videojuegos se ha triplicado en los últimos 5 años, pero eso no convierte en adictos a todos los que juegan. ¡Ser adicto –de cualquier cosa- requiere muuuuucho tiempo! 😅 En la mayoría de los casos, se trata de una afición que no tiene repercusión alguna porque se integra en sus actividades cotidianas y jugar hemos jugado toda la vida.

 

¿Cuándo alertarnos entonces?

Cuando se da un patrón de juego recurrente que INTERFIERE de forma significativa en su funcionamiento personal, escolar, social y familiar.

  • Señales:
    – Los juegos tienen prioridad sobre cualquier otra actividad lúdica.
    – Se muestra irritable si lleva rato sin jugar o si se le interrumpe/restringe el juego.
    – Se produce un cambio significativo en los hábitos de comida y sueño (¡atención al uso de las pantallas durante la noche que no os imagináis cuántos lo hacen!).
    – Descuida sus tareas escolares.
    – Miente para jugar (dice que no tiene deberes, que está haciendo un trabajo y necesita el ordenador, etc.).
    – Justifica el tiempo de juego diciendo que lo hace en grupo con sus compañeros de clase, que en el colegio todos hablan de lo mismo, etc.

Antes de alertarnos, vamos a conocer a qué juega (comprueba el código PEGI, si es un juego violento, cooperativo o competitivo, creativo, etc.), a negociar el tiempo de ocio (que disponga de alternativas que le gusten) y a controlar el uso de las pantallas dentro y fuera de casa. Las pantallas implica TODO, tablet, móvil, ordenador, videoconsola, etc. (ten en cuenta que hay juegos que se descargan y pueden acceder a ellos desde el teléfono sin necesidad de estar conectados a internet).

No es recomendable que juegue antes de ponerse a estudiar (disminuye la capacidad de concentración) o de irse a dormir. Si estableciendo unas normas de uso y ofreciéndole alternativas lo vemos incapaz de controlar los tiempos, sus reacciones, etc., es conveniente pedir ayuda a un profesional que valore el problema y atienda cualquier dificultad que pueda estar teniendo y quizá desconozcas. Su ayuda irá enfocada a que tome conciencia de la importancia del asunto y a reorganizar sus actividades para recuperar el control del tiempo y, más importante, su autocontrol.

Si estamos ante una adicción es porque se ha jugado mucho, mucho, no se ha supervisado el tipo de juego, no se han negociado las actividades alternativas, ordenado las prioridades, controlado el tiempo de exposición a las pantallas, etc. Así que, como en todo, la clave está en la PREVENCIÓN -> evitar el uso de las pantallas hasta, por lo menos, los 4 años es importante. Los niños necesitan explorar, aprender, jugar y relacionarse, no necesitan ver dibujos en la tablet para comer tranquilos o el móvil para dejar de llorar. Dejemos a un lado la bobada esa de que son ”nativos digitales” y no nos queda otra que asumirlo porque no nacen con el móvil en la mano, se lo damos (¡y así nos va…!).

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